Acerca del medir

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Todo es cuestión de medidas, mesuras, tamaños, alturas, distancias…

La modernidad parece que hoy ha revivido dentro de mi interioridad.

Digo la modernidad, no la posmodernidad, porque hoy me atraviesan las medidas, tamaños, distancias.

La linealidad moderna se hizo corpórea… me habita.

Todo es cuestión de si tan o cuan fuerte, resistente, escaso o diminuta puede ser una experiencia…

Hoy me senté con el viejo Aristóteles, intercambiamos ciertos pareceres en relación al hombre Prudente… pero yo no fui hacia su explicación… si no me quedé en un contar, un relacionar… un comparar…

Que tan cerca, que tan acá estoy, podría estarlo… y en relación a esto o aquello… establecí toda una grilla de comparaciones, en las que me dormí por aburrida. Me hice “burra” como leí en el “diccionario de la cura emocional de las enfermedades”.

Luego de un rato, prudente,  Aristóteles me despertó.. Retomamos? Me insistió.

El hombre Prudente, es aquél que sabe cuál es el término medio entre los extremos. Si  bien hablamos de la más excelsa de las virtudes… como tal es desde una visión general, o sea en relación a la dirección una cuidad, de un territorio,

pareciera que poco o nada tiene que ver con nuestro interior.

Pero si yo quiero saber cuál es mi más adecuada autodirección, considerándome un territorio propio.. y no ajeno,  tendría que establecer una grilla de valorizaciones acerca de mis experiencias… digamos objetivas…

cuando Aristóteles reflexionaba esto, la física cuántica no había demostrado la fusión de las experiencias en la conciencia que las percibe…

Aunque creo que los griegos algo de esto ya  sabían…

Bueno, el viejo Ari… como en intimidad lo nombro, me susurró… cuando me dice cosas importantes me las sopla en el hombro izquierdo: no mires tan de cerca la grilla, la línea sobre la cual colocas tus experiencias…  puede que sea un océano… donde las experiencias estén más acá más allá, una encimada a la otra, otras fundidas solo en partes…

no es tan simple esto de ser un ser Fronimos, una mujer prudente…

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Arte espiritual

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEn este camino que  comienzo, no se con claridad cual será su objetivo.

Confío que el universo me asistirá, entiendo que he realizado múltiples tareas, y ahora ya no tengo que hacer nada. Puesto que me di cuenta que cualquier cosa que haga, es algo que sobra, es un derroche de energía, que me desvía la atención de lo verdadero.

Bueno llegué aquí, lo primero que sé, es que no estoy sola, sino que el camino es plural, múltiple, somos todos que hacemos esto, que vivimos esto, que compartimos en este planeta… quizá en otras dimensiones también alla un eco de este vivir… plural.

Como ser extremadamente sensible y sin estructura común, puedo ocuparme de aquellas cosas, cuestiones, no-haceres, que para otros seria imperdonable. Creo que para mí también, por momentos me parece imperdonable dedicar mis horas diarias a pensar  como moverme en este sitio,  y no ocuparme de  la realidad concreta, común a todos: trabajar, ocuparme de los chicos, de la política, de mis parientes.

Desde hace más de veinte años, además de vivir en todo esto de lo que me ocupe… pude pintar… ante tantas cosas raras que “veía” delante mío. Desde hará unos años, alguien me dijo que podía modificar eso que está ahí, puesto que también soy yo, digamos, extendida. Si, hace unos días veía un video en YouTube, de Enrric Corbera, que justamente hablaba de esta extensión de cada uno de nosotros allí afuera. Esto hace eco con  la física cuántica, que de eso también habla: la cocreación a través de la percepción, de lo que está aquí delante nuestro. Entonces acá , yo veo delante lo que soy yo extendida, mi aparato perceptual no puede hacer otra cosa que poner afuera lo que yo soy… pensemos lo que significa saber que lo que percibo soy yo.

Durante mi recorrido artístico, pensé que solamente veía afuera aquellas cosas que desconocía de mí. Podemos seguir dando apoyo desde Carl Jung, y su termino tan renombrado: sombra. Si, este concepto me cautivo tanto, que me creí la privilegiada que solo veía de los otros la sombra, o sea las cosas que ellos mismo se rechazaban. Tanto hablar de la sombra… de lo oculto detrás de la conciencia, para poder ser aceptables… me quedé en la oscuridad.., viviendo esa soledad.

Sabemos que una de las leyes universales dice que lo que es arriba es abajo. Lo que es adentro es afuera… y  claro que la soledad, oscura, me dio tanto miedo como a cualquiera, que la evité muchísimo. Corria hacia la luz, cuando todas las puertas se  cerraban, todo el fluir de la vida parecía darme la espalda.. si vi muchas espaldas. Las pinté, mi particular manera de aprender eso que era yo afuera.

Importante claridad que se me fue haciendo con estas ideas.  Sé lo complejo que puede sentirse este tema. Igual como soy una ilimitada abstracta, tendenciosa debo confesar, me gusta pensar esto de lo “extendida” que puede ser nuestra mente, disfrazada de aparato perceptivo. Bueno Corbera da una caracterización de esta falta de limite físico que cualifica a nuestra “mente-conciencia”, y dice, creí entender, que cuando es espiritual se constituye en una verdadera extensión, pero cuando es restringida a lo humano, cultural, del sentido común, más común posible, se trasforma en proyección. Pero  la proyección, sabemos, es inconsciente, ingobernable desde nuestra conciencia mas ingenua.

Si pensamos que cuando proyectamos hay algo que nos dice que no estamos por la vía… digamos correcta, en un sentido más general, espiritual. Éste algo que percibimos es la molestia, nos molesta, nos causa displacer la situación, nos hace sufrir… Esto es como una alarma, un llamado a que paremos el motor y revisemos sinceramente como estamos actuando. Siguiendo el esquema de la extensión de nuestra conciencia, algo ahí afuera se resiste, nos hace un párate, las cosas no salen como esperamos que salgan. Somos tan sabios como conciencia, que nos creamos nuestros propios limites, nuestras propias maneras de frenarnos, y así seguir avanzando por la senda que será la da cada uno.